Sobre Transiberian, de Brad Anderson



Por Joaquín Linne

Creí que Brad Anderson era el primo bobo y republicano de Wes (Rushmore, Los excéntricos Tenembaum, etc.) pero no, de hecho este Anderson se va a Asia y hace algo mucho más interesante que Wes en Viaje por Darjeeling, sólo otra comedia boba con algunos buenos momentos. Lo de este más ignoto Anderson está muy bien en casi todo, empezando por Woody Harrelson. Mostrando que no es sólo un muchacho simpático y drogadicto, Woody deja su atildado rol de progresista californiano, cínico y fumón, para transformarse en un evangelista contador de Ohio, feliz de la vida en medio del tren transiberiano, donde la gente tiende a ser un poco más oscura. ¿Por qué está ahí? Para mostrarle a su novia que a él también le gustan las aventuras. Y se lleva la peli, claro. Eduardo Noriega, el español de Tesis, Abre los ojos y Plata Quemada, sigue con su papel de niño malo-seductor, Ben Kingsley hace como siempre de viejo duro pero en el fondo bueno. Harrelson, de todos modos, ya se había ganado el cielo con hacer el relato en off de Grass, de Ron Mann. Y en Natural born killers tampoco está mal, al menos por acompañar con cierta simpatía a la señorita Juliette Lewis. Y lo que hace en Scanner darkly (Linklater, 2007), una suerte de parodia de sí mismo, tampoco está mal.